domingo, 23 de noviembre de 2014

¡Feliz día de la música!

¡Hola a todos!

Os extrañará que esté aquí un domingo. La verdad es que no debería molestaros pero ayer fue un día especial: el día mundial de la música. Y, como tal, se merece una entrada especial. 

En algunas de las entradas anteriores, he querido enseñaros los beneficios que tiene la música en los periodos de aprendizaje, sobre todo, en las primeras etapas de contacto con el mundo y con el lenguaje. Sin lenguaje seríamos incapaces de entender lo que ocurre a nuestro alrededor y la música, con su soporte audiovisual, puede ser un refuerzo enormemente positivo para entender el mundo y practicar el lenguaje. Ya vimos la cantidad de canciones infantiles que hay y los diferentes objetivos que pueden cumplir; no sólo ayudan a los niños a pronunciar mejor, a silabificar o a ejercitar la memoria, sino que también les muestran sus primeras situaciones emotivas (recordemos los fragmentos de las películas de Disney), lo que puede enseñárles a emocionarse.  

Las personas con discapacidad intelectual sufren el conflicto realidad-lenguaje continuamente. Muchas de las cosas que ocurren a su alrededor les son tan difíciles de entender como de verbalizar. Para nosotros es difícil entender cómo perciben el mundo, cómo lo estructuran en su mente y cómo salvan los problemas que les causa una cognición mermada. Por eso, con más razón, es necesario que tomen contacto con la música desde los primeros meses y, aún más, que se les de un continuo soporte lingüístico y emocional. 

Bueno, después de reiterarme en este pequeño consejo (con grandes consecuencias), llega el verdadero motivo de esta entrada; un vídeo estupendo que nos muestra la transparencia de la música... A veces no son necesarias siquiera las palabras (sólo a veces).